sábado, febrero 23, 2008

El libro del Curi y yo

Hace un año sólo tenía las ganas y la idea.
El martes 29 de mayo de 2007 fui al lanzamiento del libro con la historia de Cobreloa y, mientras veía las páginas llenas de triunfos y glorias de los mineros, yo seguía sólo con mis ganas, mis ideas y algunos apuntes sacados de la Biblioteca Nacional. Y ahí, hablando con algunos conocidos del ambiente, mirando la historia exitosa de los zorros del desierto, me dije que lo del Curi debía salir y pronto. Y ya sabía que el asunto iba a terminar en un “algo” que hablara de nuestro equipo, con pocos triunfos, muy distantes de los títulos de Cobreloa, pero que igual plasmaría los 35 años de ese Curicó Unido, fuente de identidad para una pequeña ciudad.
Sabía que era una tarea importante pero tampoco me preocupé mucho del futuro. Me ordené, hice una carta Gantt mental (donde fijé los plazos) y comencé la investigación, fuente principal de mi libro.
Nunca quise opinar mucho o centrarme en lo que sentía respecto al club. El tema era la historia y, para armarla, el 80% del trabajo era rigor y lectura. Me compré como nunca libros de fútbol; me hice amigo de libreros de San Diego; me acerqué a una editorial que ya había publicado una veintena de libros de fútbol, me incentivaron y ya… comencé ¿Y la plata para publicarlo, y la editorial y la imprenta y el diseño? Al comienzo, ni lo pensé. No quería desgastarme en algo que estaba aún lejos. Y recordé lo que decía nuestro querido Eduardo Cortázar… “Paso a paso”.
Desde junio hasta septiembre comencé a vivir una vorágine obsesiva de revisión de la prensa antigua. Me sumergí en la Biblioteca Nacional, donde están todos los ejemplares de todos los diarios de la historia de Chile y la hice mi segunda casa, mi lugar de trabajo.
Mi polola y compañera Fer, trabajaba a dos cuadras de la biblioteca por lo que salíamos juntos del departamento y nos íbamos caminando al lugar. Ella a su pega y yo a la mía. Sagradamente llegaba no bien abrían la sección (9 AM) y me embalaba en algo que se convirtió en mi nuevo mundo. Muchas veces no me daba cuenta de cómo pasaba el tiempo y recién levantaba la cabeza a las 4 ó 5 de la tarde, con un hambre del demonio. Antes, claro, nos habíamos comprado con la Fer el necesario Notebook, a medias, aunque me adueñé del compu sin miramientos.
La Prensa de Curicó, La Tercera de la Hora, El Mercurio, Las Últimas Noticias… del 73, 74, 78, 81… El Proa de San Antonio, La Discusión de Chillán, El Heraldo de Linares… e iba año por año, desde 1973, tomando apuntes. Y terminé la década del 70, y terminé la del 80, la del 90. Y revisé las Estadio, las Triunfo, Minuto 90, Don Balón, Gol y Gol, por si aparecía algo… Deporte Total. Todo en la Biblioteca, donde ya me conocían y veía diariamente a personajes de todo tipo, que iban a dormir o a deambular por cualquier diario perdido. Y los funcionarios me veían seguramente concentrado y por eso me ayudaban, como cuando un ejemplar de algún diario (debe haber sido La Prensa de 1976, por ahí) no estaba a disposición del público, por su mal estado, y me permitieron entrar a sus bunkers privados, con el compromiso de no contarle a nadie (lo estoy haciendo, perdón) y revisar ese diario tan necesario para mí.
En septiembre ya había completado, como estipulé, mi tarea eje a costa de estrujar mi tiempo. Tenía alguna ayudantía en la U, un nuevo trabajo en una publicación del Publimetro y los fines de semana Curicó Unido en el Corazón. Pero todo iba bien, acumulaba cientos de hojas con apuntes, con la historia objetiva del club, suelta, sin forma. Decidí imprimir los avances y me percaté de una gran novedad: lo que tenía era cuantitativamente gigantesco. Me junté con Francisco Mouat, periodista ex director de la Don Balón y me azuzó positivamente pero hizo una declaración en buena pero errada: “¿Y esas estadísticas piensas publicarlas?... ¡Quién lo va a hacer! Si es un compendio maravilloso pero difícil de publicar”.
En septiembre también comencé a realizar entrevistas a personajes protagonistas de la historia y seguía leyendo sólo de fútbol, porque luego de tener todos los datos, había que armar el cuento. Pillé unos libros de Francisco Platko, de los 75 años de la selección chilena, el del Zorro Álamos que tuve que conseguirlo con el hijo, porque los de San Diego y Bío Bío se daban por vencido.
Algún día de octubre debo haber dicho: “Ya. Terminé con la Biblioteca Nacional”. Y acomodé una pieza del departamento como mi oficina. Y la Fer me propuso utilizar un viejo refrigerador como revistero. Y me encerré, en una pequeña habitación a cocinar los datos. Me volaba tal como en la biblioteca, pero por suerte aquí podía pararme y preparar un café. Fui año por año, sin revisar, sin darme mucho cuenta. 73, 74, 75… 80, 81, 82…97, 98… y entremedio me titulé de la carrera, con la ceremonia necesaria y volví al 99, 2000, 2001 y terminé antes del plazo estipulado. Revisé todo, una y otra vez, me acerqué a gente que me asesorara, lo imprimí, hablé con mi viejo amigo Luis Alberto Marín, artista curicano que tenía una obra en óleo preciosa sobre el Curi, lo incluimos como portada, inscribí todo en los registros de propiedad intelectual y recién ahí, a mediados de diciembre, me acerqué a una editorial en concreto. Hubo acuerdo, Mataquito se entusiasmó y ya todo estaba hecho. Busqué las fotos, me ayudaron, me apoyaron, los amigos curicanos, fui a la imprenta y llegó febrero y acá estamos, al final de una carrera loca pero prolija.
Nunca pensé tanto en el futuro, en cómo iría a terminar todo. Sabía que lo más importante era trabajar, investigar, reportear y trabajar de nuevo. Y lo hice.
No sé si el libro será bueno o malo, eso lo dirán los que lo lean. Pero garantizo que hay una investigación detallada, que ningún dato está al azar. Claro que para hacer esto había que amar al club. Pero lo más importante estaba en el amor a la investigación, a dejar escrita una historia de derrotas pero nuestra. Con muchas malas, pero propia… era nuestra identidad, mi identidad… era nuestro club, mi club.
Es primera vez que recreo todo lo que ha pasado en este último año y, la verdad, no sé bien lo que siento. Naturalmente es alegría y satisfacción; todos me incentivan y felicitan. Los medios de comunicación, locales y nacionales, se han portado excelente y me apoyan. Pero también siento cansancio y nostalgia, porque fue una aventura loca, llena de impulsos y obsesiones positivas.
Me arranqué con la pelota sin mirar si un defensa me seguía y sabía, desde antes de cruzar la mitad de la cancha, que yo dispararía al arco. Me esforcé en que el balón no se escapara de mis pies y que el físico me respondiera, en una carrera a ratos interminable. Ya le pegué al arco pero no sé si será gol, golazo o sólo un tiro potente. Eso lo deben determinar necesariamente los que lean el libro.

2 comentarios:

claudio dijo...

Leo:

Déjame felicitarte por tu trabajo y dedicación para con tu proyecto. Tu seriedad y tu rigurosidad científica es siempre un placer para ciencias tan inexactas como las nuestras.

Por otro lado también quiero aprovechar la oportunidad de decirte que sin lugar a dudas estas forjando un camino en el periodismo chileno que te avizora un gran futuro.....

Ahora por último, si bien no nos vemos mucho (sólo en algunas pichangas aisladas por ahí) quiero decirte que te considero un gran persona y sin lugar a dudas el amor por el fútbol nos mantendrá unidos ....como a CURICO...!!!

Te mando un gran abrazo y espero con ansias esa copa de vino o cerveza de litro que nos espera para reunirnos nuevamente. La primera y la última la invito yo!!!

Claudio Escobedo
Sociólogo y Futbolista

PD: Reservarme un ejemplar...

Anónimo dijo...

hola, mira aun no he leido el libro, pero te felicito de antemano, yo siempre he querido hacer algo sobre la historia de Iquique pero el tiempo no es mucho para mi, ademas de que no cuento con buenas fuentes de información. en fin a nombre de los hinchas del futbol te agradezco la publicacion y espero pronto poder adquirirlo.

Rodrigo Zuleta-Bassay
insider.gnr@gmail.com
Iquique, Chile