sábado, octubre 07, 2006

Ají en el culo: pasión y profesionalismo

Mientras veía que Chile era campeón mundial de hockey patín ratifiqué algo que siempre pienso en relación al deporte chileno y a toas las manos en realidad. Pa' ser los mejores, hay que tener pasión y con esa hueá te obligai a profesionalizarte y entregarte por entero a un objetivo. Derrochai amor por el deporte que hagay, entrenai como loco, planificai y como consecuencia de eso, eris campeón. Hace unos años, el equipo juvenil de varones fue segundo en el mundo. Los chicos eran dirigidos por Osvaldo Rodríguez que había sido 4to del planeta en adultos en los '80 y en los comentarios de ese torneo, para la TV, estaba Rodrigo Quintanilla, el actual DT campeón. Me acuerdo que Quintanilla lloró y gritó como loco esa vez, cuando le ganamos a Argentina en semifinales sobre todo. Y hoy fue lo mismo. El tipo con un ají bien puesto en el culo demostró que pasión es una clara señal de profesionalismo. Pasión de verdad sipo. Tanto amor por algo que le dedicai entrega y trabajo, mucho trabajo. Creís en ti, te la jugay, aperrai y hacís todo como debe ser: de manera profesional. Pasión y profesionalismo van de la mano, porque pueden haber hueones muuuuy profesionales pero al no tener brillo, color o amor por lo que hacen terminan bañando de mierda su actividad, porque son más fomes que chupar un clavo y pareciera que nada los mueve más que sólo ser profesionales, no sé por qué chucha. Y obvio, cuando la cosa es al verrés tampoco funciona, porque pensar en la pasión como centro de algo es enfermizo. Esa pasión barata sobre todo, na que ver Pero la pasión de verdad, esa de estar encerrao con lo que se hace y abierto a los aportes, al surgir, entregado al final con amor a la hueá es imperativa pa lograr cosas. Quintanilla es un loco apasionao y campeón del mundo. Y sus chiquillas también. Sin nada lograron ganar, porque entrenaban en horarios de mierda y sin apoyos, pero amaban el hockey y querían vencer. Y ahora, en las finales y la hueá, llegaban al camarín cantando, sonreían a todos y ni pensaban en ser, a lo mejor, hasta resentidas con todos los que ahora se fijaban en ellas y antes ni las pescaban. Y más encima hasta se veían ricas así, medias transpiradas, saltando y jugando, con la chueca en la mano y la mirada cargada de pasión. Ellas son pura pasión que al final de cuentas, y es a lo que quería llegar hace rato, es sinónimo de profesionalismo.

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